4T: destruir para transformar

4T: destruir para transformar

En un principio pensé llamar este artículo Autodestrucción de la 4T, pero llegué a la conclusión de que ellos piensan, con base en la dialéctica marxista, que para avanzar hay que destruir al capitalismo, al que llaman neoliberalismo, y culpan de todos los males de México.

Las decisiones del actual gobierno, por los motivos o fines que sean o por ignorancia, llevan a la transformación de millones de mexicanos de clase media en pobres.

La llamada 4T, en lugar de corregir lo equivocado, revierte los cambios positivos, que considera capitalistas o neoliberales, y representan salidas lógicas al atraso en el que todavía viven millones de mexicanos. La reducción de la pobreza implica aumentar la cantidad de recursos para generar más inversión, que se traduzca en nuevos bienes y servicios, y empleos productivos con mejores salarios.

Las acciones más trascendentes del actual gobierno de izquierda, en año y medio en el poder, reducen incentivos para la inversión productiva, que es un supuesto indispensable para mejorar el nivel de vida de un mayor número de mexicanos. Sin más inversión directa productiva, no la estatal en “proyectos capricho” ni financiera “golondrina”, es imposible reducir el desempleo y la pobreza.

La violación del Estado de Derecho, al no respetar los contratos del gobierno con inversionistas, y el cambio de las reglas del juego de un día para otro, generan una creciente incertidumbre y mayores expectativas negativas sobre el futuro inmediato de México, es decir, lo que resta del 2020 y 2021, que frenan inversión, creación de empleos y crecimiento.

El costoso abandono de la construcción del aeropuerto de Texcoco, la obstrucción a la inversión privada en el sector petrolero, la clausura de la construcción de una planta cervecera en Mexicali y el cierre a la inversión privada en la generación de energía eólica y solar, son ejemplos que dejan clara la decisión del actual gobierno de destruir o alejar la inversión productiva de México.

Si continúa el camino del cierre de puertas a la inversión privada, nacional y extranjera, no solo se autodestruirá el gobierno, sino hundirá más la economía mexicana, generando daños superiores a los esperados por los efectos del COVID-19.