Violencia y civilización

Violencia y civilización

La violencia no es inherente a ningún pueblo, son sus instituciones políticas, económicas y jurídicas, frutos de creencias, costumbres o doctrinas, las que aumentan o reducen la violencia.

Los gobiernos deben tener como principales objetivos el mantener el orden, la paz, la justicia y un orden jurídico que facilite y garantice la creación de riqueza y castigue a individuos o grupos, que bajo cualquier excusa o bandera social, se apoderen violentamente del patrimonio de otros.

No sólo el ahorro y la inversión son fundamentales para el crecimiento económico, también la paz y la seguridad. Si un gobierno no garantiza la integridad física y el patrimonio de sus habitantes no hay crecimiento económico.

La libertad de cada uno termina donde empiezan los derechos de los demás.

Sólo hay paz cuando la autoridad hace respetar los contratos y las transacciones libres y voluntarias.

El crecimiento y el progreso sólo se pueden dar cuando un gobierno garantiza la paz, la propiedad y los intercambios libres.

La violencia es la negación de la civilización. La violencia de un país a otro es la guerra. La violencia de un ciudadano sobre otro es la delincuencia.
Lo que más ha influido en el atraso de Iberoamérica no es la violencia de un país sobre otro, sino la violencia de un ciudadano sobre otro y la de los gobiernos a sus ciudadanos.

Un gobierno es violento cuando mediante impuestos confiscatorios o expropiaciones se apodera de la riqueza producida por sus ciudadanos.
Un gobierno promueve la violencia cuando responsabiliza de la pobreza a quienes acumulan riqueza con su trabajo.

El gobierno más civilizado no es el que gasta más dinero en construir carreteras o extraer petróleo, sino el que garantiza a cada ciudadano que no le sean robadas sus propiedades.

Propiedad y libertad son los requisitos de un gobierno civilizado, las bases del crecimiento económico y del progreso.

La experiencia de los últimos siglos, como lo demuestra el Premio Nobel de Economía Douglass North, en el libro “El nacimiento de la sociedad occidental”, es que aquellos países donde se han respetado los derechos de propiedad y los contratos, que expresan la libre voluntad de las partes de intercambiar, es donde se han dado los mayores crecimientos económicos, se han reducido los índices de mortalidad y se superaron los ciclos maltusianos.